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Cultura

Cara a cara con… Lorena López, actriz en “L’Alqueria Blanca”

Lorena López nos abre con una sonrisa la puerta de su piso en el centro de Valencia. Esta joven actriz, de 29 años, se convierte cada domingo en Fina, la nueva visitante de L’Alqueria Blanca, de Canal 9. Pero aunque Lorena lleva ya casi diez años sobre los escenarios, ella comenzó subiéndose a ellos con el arte de la danza.

¿Siempre supiste que querías dedicarte a la interpretación o fue algo que surgió a raíz del baile? Empecé haciendo danza con catorce años en el centro de danza Botànic, aquí en Valencia, y terminé el grado medio en el Conservatorio. A través de una amiga, conocí a Rafa Ponce, que dirigía junto con Gerardo Esteve la compañía Esteve y Ponce. Necesitaban a una chica para un espectáculo, así que me cogieron para actuar junto con otras cuatro chicas en una performance que representábamos en Records de l’Avenir, un bar del barrio del Carmen, en la calle de Roteros. Ese mismo verano me gradué y terminé el conservatorio. Era mi primer trabajo después de haber terminado la carrera de baile, pero me llevé una sorpresa cuando vi que no solo iba a bailar, sino que había texto. Al principio me asusté, porque yo nunca había hecho voz, ni había trabajado sobre ningún texto, pero resultó ser una experiencia muy gratificante y aprendí mucho con ellos. Consistía en un un humor muy absurdo, con un lenguaje muy claro, también con mucho trabajo físico, de movimiento junto con la palabra. Así que entré de casualidad en el teatro, pero para mí fue abrir una gran puerta.

¿Y qué nos cuentas sobre tu experiencia en L’Alqueria Blanca? Es un campo nuevo para ti dentro de la interpretación. Pues sí, porque yo he hecho teatro y algún que otro corto, pero en audiovisual no había trabajado mucho. Me siento todavía muy inexperta, aunque también creo que esta es una profesión en la que no dejas de aprender nunca, lo cual es también parte de lo bonito de ella. En L’Alqueria estoy viviendo una experiencia muy chula, aunque la televisión me resulta difícil, porque en teatro se ensayan unos dos meses de tiempo aproximadamente, según la compañía, mientras que en televisión tienes un personaje asignado, te hablan sobre él, te dan unas guías, y todo funciona mucho más rápido: llegas, preparas el texto con una persona que dirige, y grabas. Son procesos diferentes.

Y además están las cámaras… Sí (sonríe), es un tema gracioso porque en teatro te mueves de aquí para allá, pero en L’Alqueria, con las cámaras, no tienes esa libertad de movimiento. Hay tres cámaras y tienes tus marcas: si te vas para adelante, tienes que tener cuidado de no tapar a tu compañero. Son muchos detalles técnicos que tener en cuenta, que se van asimilando con la práctica. Es hacer y hacer, y equivocarte de manera inconsciente. Pero es algo que me gustaría ir integrando cada vez más. Es una buena experiencia, trabajo con gente muy profesional, tanto el equipo artístico como el técnico. Además, al ir todo tan rápido, te permite estar en un estado de alerta continuo: debes tener el texto claro, los movimientos…

¿Es difícil moverse en este mundo y encontrar trabajo? Desde mi experiencia, considero que he tenido suerte. He ido trabajando y conociendo gente. Además, he hecho trabajos que me han encantado y he disfrutado en todos ellos. Sin embargo, creo que aquí en Valencia es complicado. Somos mucha gente, pero hay muy poco trabajo. Sin olvidar que estamos pasando por un momento muy complicado, porque la gestión de Teatres de la Generalitat se ha cargado el circuito teatral. Existía un circuito aquí en Valencia, en el que cada pueblo tenía una subvención del Ayuntamiento para traer compañías. Esta subvención se ha recortado tanto que, por ejemplo, de quince espectáculos que traían entonces, ahora quizás dejan seis. Por lo tanto, hay muy poca oferta, y apenas dinero, porque se ha gastado en espectáculos muy caros. No se está cuidando el teatro, ni protegiendo la profesión valenciana, y Valencia siempre ha tenido un circuito teatral muy potente. Ahora ya no existe. En prensa han aparecido noticias sobre Inmaculada Gil Lázaro, directora de Teatres de la Generalitat, y la mala gestión que está llevando del dinero público. Pepe Sancho ha venido y no se sabe cuánto ha cobrado por una dirección, cuando hay compañías que ni han recibido dinero. Si las compañías no cobran, los trabajadores tampoco, y al final es un círculo del que esperemos que salgamos pronto. Yo he tenido suerte y estoy contenta, pero ojalá vengan tiempos mejores.

En cuanto a reconocimientos, has recibido el premio CRISÁLIDA como Actriz revelación en los premios de la AAPV (sindicato de actores y actrices profesionales de Valencia), y el premio ABRIL a la mejor Actriz de reparto. ¿Te ves recogiendo galardones a nivel nacional o viajando a la capital? (Ríe). Salir fuera de Valencia sería muy interesante, claro. Trabajar con otras personas, en otra ciudad, en otros proyectos. Y recoger premios significa que reconocen tu trabajo y sobre todo la profesión, en la que la gente suele ser bastante crítica. Por supuesto que me encantaría, pero tampoco es mi objetivo principal. No pienso: tengo que ganar un Goya. Es algo que está ahí y que sería muy bonito, pero yo espero a que las cosas vengan con tranquilidad. Si se diera el caso, fenomenal, y si no, no creo que me muriese.

¿Qué proyectos llevas ahora entre manos? Ayer empecé con los ensayos de Los locos de Valencia, una producción de Teatres de la Generalitat, dentro del ciclo de teatro clásico. Es un texto en verso de Lope de Vega, dirigido por Toni Tordera. Estrenamos el 10 de junio en el festival de teatro de Alcoi, luego iremos a Sagunto a Escena, y en octubre se hará temporada un mes en el Rialto. He hecho otras cositas, como un espectáculo que se llama Todas muertas, de Abel Zamora, un amigo mío muy jovencito, actor y dramaturgo, que ya ha montado tres obras y es realmente maravilloso. También Ártico, una obra muy bonita, con Xavo Giménez y Manu Valls. Otra cosa que me encanta de esta profesión es que encuentras a buena gente con inquietudes por hacer un trabajo de calidad, aunque no haya presupuesto. Por último, Expuestos, de Juli Disla y Jaume Pérez, grandes profesionales, se representó en el primer festival que se ha hecho en Ruzafa (Ruzafa Escénica). Se hizo en galerías de arte donde se representaban piezas cortas que podías ir escuchando a lo largo del museo. En cuanto a L’Alqueria… ¡a ver qué pasa! Ojalá pueda seguir para aprender el medio, aunque sé que lleva muchos años y tiene que entrar gente nueva.

Y ahora toca escoger: ¿Danza o interpretación? Cada campo te aporta una cosa… Lo ideal es mantener las dos. De hecho, el cuerpo y la voz van unidos. Controlar tu cuerpo es muy bueno a nivel de presencia y limpieza.

¿Teatro o televisión? No sabría escoger… El teatro es en directo, en contacto con el público. En televisión lo grabas, se monta y ves el resultado más tarde. De lo que has hecho a lo que luego encuentras ya editado cambia bastante, tiene esa sorpresa. Son medios totalmente distintos.

¿Y qué pasa con el cine? Sí que me gustaría hacer cine. ¡Es el séptimo arte! Verte en pantalla grande es muy potente. Hay películas muy buenas, directores muy buenos y actores geniales. Es algo que no descarto, pero tampoco es fácil acceder a un castin, necesitas un buen representante.

La entrevista llega a su fin, pero antes Lorena se despide animando a la gente a que visite más a menudo el teatro y el cine: “Están muy vacíos y es una pena”, se lamenta. “Quizás alguien descubra a través de una obra una nueva afición. Interpretar te permite ponerte en tesituras que en tu vida diaria no te pones: te puedes enfadar, puedes llorar, puedes reír… Son extremos repentinos, en los que cambias tu vida y te conviertes por un momento en otra persona”.

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Yo

Susana Martínez Monfort; 19 años. Estudiante de Periodismo y Estudios Ingleses.

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