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Cultura

Tutmosis III y otros hallazgos del Antiguo Egipto

Todos tenemos sueños, de esos más asequibles que algún día desearíamos hacer realidad. Mi particular “mundo de las ideas” se compone de pirámides, jeroglíficos y poderosos faraones, para los que se alzaban monumentos solemnes y dimensionales que representaban el gran poder que ejercían en cada dinastía sobre un pueblo enigmático aun a los ojos del humano contemporáneo. Egipto: la tierra de los misterios y los enigmas, de los tesoros y curiosos objetos, de los ladrones y caza reliquias.

Hace ya tres años que la arqueóloga española Myriam Seco (Sevilla, 1967) emprendió el rescate de entre las ruinas del antiguo templo de Tutmosis III, uno de los más importantes monarcas egipcios. Sexto faraón de la XVIII dinastía, en el siglo V a.C., se convirtió en el Napoleón de la civilización egipcia. Que nunca perdiese una batalla ha sido probablemente motivo suficiente para dedicar tantos documentales y programas a la vida de este guerrero, héroe casi mitológico en sus anales.

General, soldado y rey; batallas, expediciones guerreras y estrategias políticas… Myriam Seco, con suficiente experiencia ya en estas labores, decidió viajar a tierras egipcias para averiguar más sobre ese gran faraón que había logrado conquistar Oriente Próximo hasta dominar desde Siria a la actual Sudán, sin dejar la isla de Chipre ni la costa fenicia, mediante un pragmatismo y una gran inteligencia política, sin recurrir para ello a grandes crueldades contra el enemigo. Así lo señalaba Zahi Hawass, secretario general del Consejo Superior de Antigüedades egipcio, que avaló junto a la Embajada española y la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla el inicio de esta expedición dirigida por Myriam Seco. La arqueóloga española comenzó, junto a muchos otros especialistas internacionales, a desenterrar los restos arqueológicos de su templo en Luxor, una tarea que otros habían abandonado en los años 30; despejó los lugares cuyos materiales el tiempo había maltratado con más ahínco; y descubrió que su construcción estaba edificada sobre una necrópolis de cuatros niveles de tumbas. Tres años después de duro trabajo bajo 50 ºC de temperatura, siguen encontrando objetos y marcas de ataúdes y restos humanos de la anterior necrópolis, en un intento de “recuperar un legado valiosísimo”, señalaba Seco, que rodea a uno de los faraones más relevantes del Imperio egipcio.

Myriam Seco no es la única española adentrada en el Antiguo Egipto. En 2009, paralelamente al trabajo del templo de Tutmosis III, el egiptólogo José Manuel Galán se encontraba en medio del Proyecto Djehuty, también en Luxor. Gracias a las excavaciones en esta tumba, de la necrópolis de Dra Abu el-Naga (donde se encuentran también Amenhotep y Nefertari), abrió a la luz una cámara sepulcral de 3.500 años de antigüedad con decoraciones “de auténtica Capilla Sixtina”, la calificaba el investigador. Y es que lo realmente significativo de este monumento funerario era su decoración en paredes y techos con dibujos y jeroglíficos del Libro de los Muertos. Pudo haber sido este el primero que enriqueció de esa manera la sala donde sería sepultado Djehuty, escriba real y supervisor del tesoro y de los trabajos artesanos bajo las órdenes de Hatshepsut, una de las pocas mujeres que gobernaron como faraones.

Sin embargo, el joven faraón hacia el cual todos giraron la cabeza des su descubrimiento por Howard Carter en 1922 fue Tutankamón. La riqueza de sus tesoros y los misterios que envolvían sus extrañas causas de fallecimiento, además de las distintas maldiciones que se profetizaron en torno a las tempranas muertes de varios de los expedicionarios que vieron el sarcófago, fue suficiente para convertir a Tutankamón en toda una leyenda moderna y un negocio que ha atraído cada día a cientos de turistas de todo el mundo. Pero esta herencia, más rica en valor histórico y cultural, ha sufrido un progresivo deterioro tras su apertura, especialmente en sus pinturas, debido a la respiración y sudoración de los visitantes. Además, la decisión en 2007 de exhibir la momia del faraón dentro de la tumba, rodeada de una urna climatizada, no hizo más que agravar los problemas de conservación como consecuencia de una oleada de interés que se alzó entre los curiosos que querían ver el cuerpo del rey. Hawass, responsable de antigüedades de Egipto, ha anunciado que cerrará las puertas de la tumba de Tutankamón, y ahora solo podremos disfrutar de una reconstrucción de la escena.

No podemos quejarnos si nos atenemos a las consecuencias de las circunstancias a que hemos sometido esta y otras obras de arte que la historia nos ha cedido fortuitamente. Es cierto que engloban secretos que aún a día de hoy, en un mundo avanzado, no logramos entender: construcciones gigantes mediante técnicas arcaicas, incipientes costumbres que conservamos todavía, conspiraciones y otros asuntos que tanto morbo suscitan entre nosotros. Sin embargo, todo esto no es motivo de convertir, una vez más, el servicio en beneficio. Ahora habremos de conformarnos con una copia de ese “mundo de las ideas”.

 

 

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Susana Martínez Monfort; 19 años. Estudiante de Periodismo y Estudios Ingleses.

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